YAXCHILÁN |
Uno de los cincuenta y nueve dinteles que adornan los numerosos edificios y templos de la zona es considerado como el ejemplar más sobresaliente de la escultura maya en su género. De Yaxchilán nadie sabe cual fue su nombre real. El arqueólogo Teobert Maler la bautizo así (piedras verdes). Esta situada en una de las riveras del Usumacinta, el río más caudaloso de México y el más largo de América Central, en la frontera con Guatemala. Como muchas de las ciudades mayas, fue primero (350 D.C.) una aldea agrícola, sin duda próspera por la abundancia de agua. Llegó a si nivel más alto de producción en el año 692 D.C. y vivió en su mayor prosperidad hasta el 726. Cuenta con más de 70 edificios identificados hasta la fecha. Los 35 años prósperos se tradujeron en cuatro templos de gran mérito arquitectónico. Cada uno estaba adornado profusamente con tres dinteles de piedra esculpida. Según los arqueólogos, los del edificio llamado Estructura 23 son en verdad excepcionales, aunque dos de ellos ya no están en Yaxchilán, sino en el Museo Británico. El que aun subsiste, llamado Dintel 24, es considerado como el ejemplar más notable del arte escultórico maya en su género. Los tres sobresalen por la armonía de la composición, el equilibrio del dibujo, el respeto de las proporciones anatómicas y el refinamiento del detalle. Para entrar al sitio arqueológico hay que pasar por El Laberinto, magnífica muestra del uso del arco maya o bóveda falsa, quizá la mayor aportación arquitectónica de esta cultura. La Gran Plaza es un espacio ceremonial de 500 metros de longitud por 60 de ancho, alrededor del cual están la mayoría de los edificios. A pesar de su gran extensión, Yaxchilán carece de la monumentalidad presente en otros conjuntos mayas; sin embargo, es notable el trabajo escultórico en varias estelas de piedra y en los dinteles de los principales templos. Fuente: www.chiapasonline.com |
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